De Sudáfrica a Brasil pedaleando las olas

Para muchos la situación de verse en medio del Océano en un barco de pedales puede suponer una situación de enorme pánico y terror. Una situación similar a la que han vivido a lo largo de la historia millones de personas victimas de naufragios y que ahora una madre y su hijo quieren recrear voluntariamente con un trayecto de 6.450 kilómetros que une Sudáfrica con Brasil, sede de los próximos Juegos Olímpicos (si el virus zika lo permite).

Davey du Plessis, un joven de 27, y su madre de Robin Wolff, de 50, se han decidido a llevar a cabo esta expedición llena de aventuras y peligros con objeto de hacer un llamamiento a la comunidad internacional sobre el problema ecológico de la desaparición de multitud de especies que se ha visto incrementado de forma exponencial debido a la acción del ser humano. Según publica Davey en su pagina web, según algunos expertos en el año 2050 la desaparición masiva de especies será un problema desastroso al implicar del 30% al 50% de todas las especies ahora conocidas, que se encontraran de seguir esta tendencia en un grave peligro de extinción, un porcentaje que multiplica por 10 la estimación de lo que sería una evolución de las especies en un entorno natural sin influencia humana.

Con esta travesía esperan dar visibilidad a un problema que rara vez es tratado por los medios de comunicación generales, y del que la mayoría de la población, a pesar de poder intuirlo, no conocer bien los datos ni es consciente de la extrema gravedad de la situación, por lo que poner en marcha este proyecto con destino a Rio de Janeiro, justo en un año donde se celebran en esta ciudad los Juegos Olímpicos de 2016, por lo que el impacto se espera sea grande.

Para lograr llevar a cabo semejante hazaña madre e hijo han diseñado y construido, junto con la supervisión del arquitecto naval Dudley Vix, una embarcación a pedales, que también se alimenta de paneles solares. La construcción y diseño ha durado unos dos años al hacerse unicamente entre los dos aventureros, empleando madera contrachapada marina y epoxi, evitando lo evidentes riesgos que pueden suponer los temporales en alta mar dotando a la embarcación de la capacidad para darse la vuelta completamente.

Se espera que el trayecto tenga una duración de entre 90 y 150 días, ya que al no tener remos como otras embarcaciones que se han empleado en trayectos similares, el barco puede navegar con todas las escotillas cerradas independientemente del estado del mar.

Esta es la tercera aventura llevada a cabo dentro del proyecto Atlantic Project, que previamente a realizado una circunnavegación al continente africano en 2011, y la navegación del río Amazonas en 2012, donde sufrieron un ataque en plena selva.

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