Rose y Jack: la historia eterna

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Es impresionante ver lo que una sola película puede dar de sí. Nosotros mismos nos hacíamos eco de una de las últimas exposiciones del barco más cinematográfico de la historia. A casi veinte años del estreno del famoso flim de James Cameron, la historia del trágico romance entre Rose y Jack en el desafortunado crucero sigue dando de qué hablar. Tal es así que algunos han aprovechado la inagotable estela que dejó tras de sí esta historia de amor y, por muy pasteloso que parezca, existen empresas que ofertan paseos en barco con el añadido de poder emular la famosa escena de la peli, encaramándose a la proa de la embarcación y abriendo los brazos en cruz con el horizonte desplegándose ante los enamorados.

Pero no es esta la noticia que nos ha empujado a escribir de nuevo sobre el célebre trasatlántico. En esta ocasión, ha sido la misma Kate Winslet, actriz que encarnó a Rose, la que ha revolucionado la red con una curiosa pero más que esperada declaración sobre la película. Al fin, se ha pronunciado sobre la cuestionable escena final que tantas mofas y parodias ha producido a lo largo de los años.

Volvamos atrás y pongámonos en situación. Después de casi tres horas de metraje, después de sufrir todas las penurias y complicaciones a las que se ve abocada la parejita a lo largo de toda la peli, después de todo… el barco se hunde. ¡Vale! Eso ya se veía venir, por eso de que la historia se basaba en un hecho real sobradamente conocido. Pero el problema empieza precisamente aquí. Jack y Rose consiguen sobrevivir al espantoso naufragio y, con la esperanza de aguantar en las gélidas aguas de atlántico norte, consiguen hacerse con una puerta flotante sobre la que subirse. ¡La famosa tabla del Titanic! Todos la recordamos. ¡Todos pensamos lo mismo! ¿Por qué sólo se sube Rose a la tabla? Pero, ¡si había espacio suficiente para los dos!

Efectivamente… Han tenido que pasar muchos años, pero por fin contamos con un testimonio de primera mano que viene a confirmar lo que tanto tiempo llevábamos sospechando: ¡Había sitio de sobra en la tabla para salvar a Jack! O, al menos, esto es lo que declaró Kate Winslet la noche del pasado lunes en el programa de Jimmy Kimmel, famoso show de la televisión estadounidense: “Estoy de acuerdo. Creo que podría haber cabido en ese trocito de puerta”. Estas fueron las palabras de la actriz que, además, confesaba sentirse emocionada por la gran repercusión que sigue teniendo la película a pesar de los años.

Cuestión resuelta. Definitivamente, la muerte que protagonizó DiCaprio fue de lo más innecesaria. Pero, claro… ¿quiénes somos nosotros para cuestionar la trama de una historia que ha trascendido con tanta fuerza? Un descuido lo tiene cualquiera y, aunque tal descuido costara la vida al pequeño Jack, hay que reconocer que el trágico final fue una de las claves que acabó por inmortalizar tanto a la película, como a los personajes que participaron en ella. James Cameron, estás perdonado.

La exposición sobre el Titanic disponible hasta marzo

La exposición Titanic. The Exhibition ha cumplido ya mes y medio en el Teatro Fernán Gómez de de Madrid. Sin embargo, los amantes de la náutica que aún no hayan acudido no deben preocuparse, pues disponen hasta marzo para admirar esta fantástica muestra que ha sido visitada ya por aproximadamente dos millones de personas en todo el mundo, por última vez en México.

Foto: Guias-viajar.com

Foto: Guias-viajar.com

Esta exhibición es una de las mayores colecciones que se existe sobre este icono de la naútica internacional. Los cerca de 200 objetos permiten conocer los hechos con más vericidad, documentos e imágenes que han sido cedidos por los familiares de algunos de los miles de pasajeros que viajaban a bordo del buque aquel fatídico abril de 1912.

El recorrido supone un regreso al pasado, contemplando diferentes restos que se han hallado en las profundidades marinas. Entre los múltiples tesoros se pueden encontrar relojes con la hora exacta del hundimiento, el anillo de Gerda Lindell, diversas cartas escritas por el oficial Murdoch y la pieza original que en su día inspiró a James Cameron, convirtiéndose así en un artículo que es historia del cine.

La experiencia se completa con un paseo por una recreación de los lugares más destacados del transatlántico, con sus pasillos y camarotes, haciendo el espectador viaje en el tiempo y pueda conocer en primera persona cómo era lo que los pasajeros veían hace más de un siglo. Se encuentra abierto todos los días, incluyendo los fines de semana. Únicamente cerrará sus puertas el 25 de diciembre y el 1 de enero.

En el Titanic no todo fue vino y rosas

Hace unos días se cumplieron 103 años del hundimiento del Titanic. Día a día se suceden las tragedias en el mar con cientos de personas ahogadas en el mar, que parten en busca de un futuro mejor, y por la acción o inacción de la UE se ven abocadas a emigrar a los países con mayor actividad económica.

En los medios, los muertos de una u otra parte del mundo tienen un peso mayor o menor. Mientras todo el mundo occidental lloró los muertos en Francia por el atentado a Charlie Hebdo, pocos fueron los que lloraron los del atentado a la Universidad de Kenia.

El caso Titanic es algo similar, este barco ha ocupado portadas y noticias de periódicos incluso pasados unos cuantos años del suceso, sin embargo, pocas líneas serán las que rellenen los “2 Titanics”, si se compara la cifra de muertos que hubo en el famoso buque, con los que han perdido la vida en embarcaciones sin nombre ni ubicación geográfica concreta en 2014.

Fuente: chiayi chang

Fuente: chiayi chang

Algunas cosas que no se han resaltado del naufragio de aquel gigante es que la tragedia se pudo haber paliado en gran medida. En primer lugar el navío tenía capacidad para 64 botes salvavidas, pero únicamente llevaba 20, cada uno podía transportar a 65 personas, de los que solo 16 lograron su cometido.

De los cuales, dos se dieron la vuelta para salvar a alguna persona más, puesto que tampoco podían tener exceso de carga por el riesgo de hundimiento que ello conllevaba.

Para solventar esto en los momentos en los que cundió el pánico y la gente instintivamente trató de salvarse, los oficiales no dudaron ni un momento en emplear todos los medios para disuadir a los desesperados náufragos, que se intentaban subir a los botes. En algunos casos se llegaron a emplear hachas para cortarles las manos e incluso dispararles a sangre fría.

En los estertores, el capitán de un ballenero finlandés, Henrik Naess, confesó que podrían haber salvado a aquellos desdichados que no pudieron subir a un bote, pero no lo hicieron porque llevaban una carga de pieles de foca ilegal y al ver un barco que lanzaba bengalas creyeron que se trataba de una patrulla guardacosta.